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Dos oficios bajo un mismo techo

Un artesano brasileño que teje hilo de cobre y arma argollas de acero, una argentina que recupera plástico para hacer flores y funde resina para hacer corazones. Se conocieron en Ibiza y hace años que comparten el banco de trabajo. De esa mezcla salió Raíz: dos maneras de entender el mismo gesto de transformar un material en otra cosa, en belleza — con las manos, con el tiempo que hace falta, y con el amor de sostener un oficio.

Las dos artesanas de Raíz, en el taller
Metal noble

Alambrismo en cobre

Esculturas e insectos armados hilo por hilo, y la cota de malla tejida en acero. Técnicas que existen desde hace siglos, aplicadas pieza a pieza sin molde ni serie.

Material recuperado

PET y resina

Envases del barrio, arena y caracoles de playa. Lo que iba a la basura vuelve como flor, lámpara o colgante.

Las dos manos

Candelaria Sesín

Plástico recuperado y resina · Córdoba, Argentina, 1987

Candelaria Sesín

Con más de 20 años en el mundo creativo, mi viaje como artesana me llevó a explorar distintas técnicas y materiales: la resina epoxi y el plástico reciclado. Cada pieza que hago refleja el lugar donde nació — en Sicilia, trabajé con la lava volcánica del Etna; en Argentina, la mica me inspiró piezas que recrean ríos y montañas; en Ibiza, la arena y los caracoles se volvieron joyas que evocan el mar.

Hoy, en Raíz Hand Craft, transformo botellas de agua recuperadas en flores, y resina epoxi en corazones que encapsulan materiales distintos adentro — piezas únicas, que buscan capturar la belleza de la naturaleza y la singularidad de quien las lleva puestas.

Roberio Da Silva

Cota de malla y alambrismo · Nova Cruz, Brasil, 1987

Roberio Da Silva

Con 20 años de trayectoria en artesanía y escultura con metales, mi trabajo es una celebración de la biodiversidad. Trabajo dos técnicas: la cota de malla, que armo argolla por argolla como se hacía hace siglos, y el alambrismo, que tejo hilo de cobre hasta que aparecen bichos —hormigas, abejas, pulpos— con vida propia.

Sumo minerales, plumas y caracoles para darles ojos, colmillos y detalles que los hacen únicos. Cada pieza la elaboro meticulosamente a mano, para que sea singular y auténtica, y cuente algo sobre la belleza y la fragilidad de nuestro entorno.

En la naturaleza nada se pierde, todo se transforma

Se aprende haciendo, técnica por técnica, pieza por pieza. Así construimos, entre los dos, nuestra propia mirada sobre el mundo.